Algunas Disquisiciones sobre la Administración Pública (II)

¿Gerencia Pública o Gestión Pública?

Parece que ya la denominación de Administración Pública estuviera anticuada, y entonces para expresar la nueva forma de organizar y desplegar las funciones administrativas dentro de las organizaciones públicas, se la llama ‘gerencia’, si ésta se hace a nivel de lo estratégico y gestión, si se trata de lo táctico, o simplemente operativo. De manera normal, se explica que el gerente es la persona que otea el horizonte, planea  y proyecta la organización a largo, mediano y corto plazo; y el gestor, es el que hace el día a día, lo simple. Gerencia es una palabra más ‘vendedora’ que gestión y que administración, que son similares en su contenido.

Más si recurrimos a los orígenes anglosajones de management, podemos observar que su traducción, puede ser gerencia o gestión, o administración.  En Europa, es más común gestión y en América, gerencia. En nuestro medio, gerencia, está mejor posicionado socialmente. Aquí aún el Consejo Nacional de Acreditación, ha caído en la trampa de las ‘falsas  amigas’ que es como se le conoce  a la variación de contenido, que se da en las palabras cuando se traducen o se trasladan de un idioma a otro: a dos mismos programas, a uno le puso el nombre de Gestión Pública y al otro igual, el de Gerencia Pública.

Desde la gran transformación de la Administración Pública en los años 90’s, a nivel mundial liderada por los organismos internacionales, apareció la denominada ‘Nueva Gerencia Pública’, que tiene por fundamento las bases para que el Estado sea eficaz y tenga un desarrollo sostenible en el plano económico y social, a través de la concentración de su capacidad en aquellas actividades públicas imprescindibles para el desarrollo y la búsqueda de formas alternativas de gestión para aumentar su capacidad administrativa.

Esas bases (OCDE, 1993:11; Ormond y Loffler, 1999; Gruening, 1998: 4; Osborne y Plastrik, 1998: 23) se estructuran en:

  • Descentralización política hacia los niveles regionales y locales.
  • Orientación del Estado hacia los mercados: que en la realización de sus actividades se tenga en cuenta mecanismos tipo mercado como los bonos, los prepagos y la contratación externa.
  • Orientación hacia el cliente y el uso de técnicas de la calidad.
  • Organizaciones flexibles y de pocos niveles: estructuras planas y  administradores ‘empoderados’.
  • Ambiente organizacional basado en la confianza.
  • Evaluación del desempeño con indicadores de resultados.
  • Control a posteriori y con base en indicadores y convenios de gestión.

Por:
Efrén Barrera Restrepo, Ph.D.
Gerencia Pública & Marketing

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