El DESMAYO POR EL RUT

Después de soportar una larga fila a la que llegamos, tres horas y veinte minutos antes y de negarnos a la asesoría de los tramitadores de oficio y a la compra del turno en la fila ofrecida  por los vendedores  de cupos; pero eso sí, atendidos por todos los vendedores ambulantes de gaseosas, tintos y vituallas  e instruidos por algunos empleados públicos que improvisaban una inducción  al trámite, a la manera de pregoneros logramos llegar la puerta del edificio.  Y  cuando íbamos a pasar el umbral de la entrada  franqueada por el  vigilante de vestido descompuesto  que hacía el esfuerzo por cuidar de la seguridad interna aunque sea requisando solo a los hombres y   en nuestros rostros se reflejaba la luz de la esperanza por haber llegado en tiempo record a la consecución del ficho respectivo para poder obtener el RUT(registro único tributario), el compañero de la fila se desmayó, no aguantó.

No sé si ha sido la única persona  que se desmaya y pierde la consciencia en las filas, que durante esta época que de manera grave  se presentan para cualquier trámite en la DIAN(Dirección de impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia) y que viene siendo denunciada en los medios de comunicación. Pero los comentarios de las personas  y las historias que se escuchan y que son muchas, porque mucho es el tiempo que se pasa en las filas antes de entrar a los edificios públicos (en Medellín, son tres, lo que atienden público) dan para concluir que como siempre con todo lo ocurre con el sector público, poco es lo que importa la calidad del servicio prestado del que tanto se habla.

En fin, el señor al desplomarse al suelo es atendido por algunas personas, que impiden un golpe al caer y  piden auxilio al desentendido vigilante-portero. Y vaya dificultad para que aparezca una camilla, que llega unos minutos más tarde extraída de lo más profundo del edificio por dos empleados que le hacen las preguntas elementales de los primeros auxilios  al enfermo, quien veinte minutos después fue atendido por el personal especializado  de  la ambulancia solicitada.  Y mientras esto se da en las afueras del edificio, donde nadie se inmutó  y la fila crecía, nosotros que ya habíamos recibo el ficho del turno, nos aprestábamos a seguir la angustiosa espera para culminar el trámite, pero esta vez ya sentados y viendo constantemente una pantalla que solo muestra unos cuadros fijos (nada de películas, ni TV real) y los  números de los turnos y al fondo los cubículos de los empleados. Unos acuciosos hacen mover la numeración de los turnos y otros, que no han de faltar, atienden a” su ritmo” sin mucho afán y hasta pensaran que al menos estamos sentados  con la posibilidad de calmar el hambre y el cansancio con los productos del exhibidor y cafetera monederos que allí están.

Y llegamos así a esperar otras tres horas y media para que al final llegue el empleado pida los papeles ponga a firmar un original y  se guarde una copia, física de papel, que no se explica uno porque aun en este tiempo gustan del papel. Son siete horas, tiempo record (para algunos)  que necesitamos para obtener un documento que en esta época de la tecnología de los procesos electrónicos de datos y de la virtualidad, todavía se requiere la presencia física y los documentos  con datos que tienen oficinas públicas y bancos (para este caso, la Registraduría, los bancos y las empresas de servicios públicos)y para más sorpresa, ellos se quedan con una copia !!! como quién dice todavía  siguen archivando papeles.

Es uno de los trámites sencillo de la Administración pública en Colombia, pero que cada vez se le quiere hacer aparecer como complicado sin medir las consecuencias sociales y económicas para el público. Sociales, porque se está convirtiendo en la segunda cedula para muchos colombianos,   que debido a la liberalidad de la fuerza laboral son innumerables los contratistas en el sector privado y de manera muy alta en el mismo sector público y en lo económico, porque  su expedición demanda mucho tiempo y demanda un costo social que afecta la productividad. Lo que induce mejor al ciudadano a buscar otras vías” no santas” pero si menos costosas que los sacrificios que tiene que soportar como contribuyente, por la mala calidad  del servicio que recibe al hacer las cosas como le indica el Estado mismo.

Por:

Efrén Barrera Restrepo, Ph.D.

Gerencia Pública & Marketing

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