PARA REPENSAR LAS CAMPAÑAS ELECTORALES

La aplicación de las técnicas del  marketing a las campañas electorales es ya una actividad de la vida democrática,que se ha enraizado en nuestro país Colombia, como una forma de fomentar la participación del ciudadano en el proceso de elección de sus dignatarios a los cargos públicos.

Si bien en las sociedades más desarrolladas el marketing político y electoral se usa desde los años cincuenta del siglo pasado, es en este decenio de años del presente siglo, donde se muestra una total acogida en américa latina y es una actividad profesional como tantas otras, por donde desfilan  personas idóneas y expertos; empíricos y pragmáticos; académicos y estudiosos; farsantes y comediantes; redentores y milagreros; aprendices de brujo y pasantes. Pero de manera más destacada, ya  se cuenta con grupos, asociaciones, revistas y blogs especializados y son pioneros: OCPLA, Organización de consultores Políticos de Latinoamérica.(OCPLA (@OCPLA) on Twitter);  Datastrategia(www.datastrategia.com); e-elecciones.net (www.eelecciones.net); Revista Campaigns&Elections (http://www.campaignsandelections.com/publications/digital-archives-latin)  y  blog.marketingpolíticoenlared.com .

Así como también se ha introducido como asignatura o como cursos formales a nivel de posgrado en muchas instituciones latinoamericanas y en el caso de Colombia, desde hace 18 años, en la Universidad Javeriana (http://puj-portal.javeriana.edu.co/portal/page/portal/Facultad%20de%20Ciencias%20Politicas%20y%20Relaciones%20Internacionales/esp_opinion_presenta) y el Politécnico GranColombiano (http://www.poligran.edu.co/eContent/newsdetail.asp?id=164&idcompany=9), por ejemplo.

Más allá de los principios del mantenimiento de  los grupos y partidos políticos que se pueden adquirir con el marketing político; el electoral se encarga de manera  intensa y exclusiva de la campaña, la cual es una sola y  única, que sólo admite un premio, el primer puesto. Ella merece toda la atención del partido o grupo político que lidera el  candidato y por ello requiere del uso de las mejores herramientas estadísticas, informáticas, mercadológicas, comunicacionales y de relaciones públicas orientadas por las estrategias de campaña y sostenidas en las características del electorado, el programa, el candidato y el partido.

La calidad de las herramientas  de la campaña depende de la asesoría y consultoría encargada de la campaña y es su responsabilidad el uso ético de ellas, como también sus comportamientos de acuerdo con las costumbres y parámetros de las actuaciones democráticas y transparentes en los procesos electorales.

La forma tendenciosa en  el manejo de las herramientas de la campaña, en especial de las estadísticas y las comunicacionales, está haciendo  aparecer como efectiva  aquella  consultoría  que se preocupa  más por la superficial y torcida lectura de los datos, la creación del rumor negro y la argumentación sobre las carencias morales del opositor, que aquella que nace de la esencia misma de la democracia, que se ampara en la presentación transparente de los datos del partido, el candidato y el programa. Y esto ha llevado a una opinión deformada del marketing político y electoral, en la cual lo fundamental es  el engaño, el embuste, el insulto, el chisme, la mentira, la patraña y el infundio.

El marketing en su expresión general y en su práctica universal siempre ha estado presidido por la honestidad y la transparencia como principio de su existencia y su especialidad en la política, no es ajena a ello. A pesar que algunos consultores advenedizos o buscadores de tesoros tergiversen el marketing político y electoral y lo consideren como la manera más fácil de utilizar las artimañas para obtener el triunfo aún a costa de la ruina moral y hasta a veces física del opositor.  A ellos, no les cabe más que el triunfo, porque de la derrota nunca  se hacen dueños.

El marketing electoral proporciona estrategias y tácticas para implementar  de manera ordenada y eficiente  el cumplimiento de los objetivos, señala los errores de manera anticipada y prepara para el manejo gerencial de la campaña en el plano del ejercicio del sufragio, la libre elección de candidato y la adecuada información de los programas electorales  ofertados, como expresiones democráticas de una comunidad civilizada  y  moderna.

 Por:

Efrén Barrera Restrepo, Ph.D.

Gerencia Pública & Marketing

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