MARKETING POLÍTICO Y LOS SHOWMEN

Ahora que ya todo movimiento de un personaje político se lo endilgan al marketing político y sobretodo en aquellas culturas donde este ha tardado en adaptarse, van apareciendo nuevos cultores y asesores ( como debe ser) de todo tipo y características, que tal vez porque su filia a la política es tanta ,que terminan desplazando a su representado y a veces juegan  unos roles tan expresivos de sus inclinaciones, que opacan a  los mismos candidatos asesorados y se convierten en las vedettes de las campañas:lo que en razón pura no debiera de ser.
Todos estos comportamientos que invaden las esferas del asesorado y transforman al asesor en actor principal del show consideramos que se deben a la poco o muy escasa experiencia en el campo y sobretodo en el marketing; donde las normas comportamentales  tienen desde los inicios de la disciplina su base fundamental en  la subjetividad, la representatividad, la responsabilidad y la confidencialidad que están incrustadas en la investigación de mercados. Otra explicación a esa conducta(por decir,exhibicionista del asesor) vendría más de las esferas de la psicología por los lados del narcisismo y egocentrismo.

En  resumen, en cualquier caso es conveniente advertirles a los candidatos que traten de limitar muy bien las líneas rojas de la asesoría y para que no se convierta ésta en el show prestado; o la “campaña en cuerpo ajeno”.
Dentro de la ética profesional y de asesoría- como algunas disciplinas las tienen- siempre está presente la importancia y el valor del asesorado, al que se le debe respeto, discreción y  confidencialidad, y se le atiende con transparencia y diligencia y se le guarda la reputación; connotar la presencia del asesor político y hacerla crecer hasta ahogar la identidad e imagen del candidato o representado va más allá de la natural relación en las asesorías y consultorías; por eso al mejor estilo que lleva a calificar en el fútbol como buen árbitro al que brinda la posibilidad de un buen partido, haciendo que su presencia pase inadvertida; esta es la regla principal del juego limpio en el marketing político y electoral.

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